
¿Por qué me levanto con dolor? Causas de la rigidez matutina y cómo aliviarla
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¿Alguna vez has sentido que te has levantado «más viejo» de lo que te acostaste? Muchas personas experimentan más dolor al despertarse que durante el resto del día: rigidez en la espalda, molestias en el cuello, dolor articular o esa desagradable sensación de «estar oxidado».
Lo curioso es que esto sucede incluso en personas sanas o sin lesiones previas. Pero, ¿por qué duele más el cuerpo por la mañana?
La respuesta no es única, sino una combinación de factores fisiológicos, hormonales y posturales que ocurren mientras duermes. En este artículo, analizamos qué le pasa a tu cuerpo durante la noche y, lo más importante, te damos recomendaciones prácticas para empezar el día sin dolor.
Tabla de contenidos
1. 5 Razones fisiológicas por las que aumenta el dolor al amanecer
Tu cuerpo no se «apaga» cuando duermes; entra en un estado de mantenimiento interno que conlleva ciertos efectos secundarios temporales al despertar.
a) La inmovilidad nocturna: el factor «óxido»
Mientras dormimos, pasamos muchas horas en posiciones relativamente fijas (baja actividad cinética). Esto provoca:
Acumulación de rigidez en la fascia, músculos y ligamentos.
Disminución del flujo sanguíneo en los tejidos periféricos.
Acortamiento muscular temporal.
Básicamente, cuanto menos nos movemos por la noche, más rígidos nos despertamos. Es similar a lo que ocurre tras un viaje largo en coche: al salir, necesitas estirarte para «engrasar» las articulaciones.
b) Hidratación de los discos intervertebrales
Durante el sueño, al no soportar la carga de la gravedad, los discos de tu columna vertebral absorben agua y se rehidratan. Esto hace que aumenten ligeramente su volumen y presión interna.
Por eso, por la mañana:
La columna está más «llena» pero menos estable.
La musculatura debe trabajar más para sostenerla.
Aparece la típica rigidez lumbar matutina.
Nota clínica: Este fenómeno explica por qué las personas con hernias discales o protrusiones suelen sentir un dolor más agudo justo al poner un pie fuera de la cama.
c) El ciclo del cortisol y la inflamación
El cortisol es una hormona con un potente efecto antiinflamatorio natural. Sus niveles siguen un ritmo circadiano: bajan drásticamente durante la madrugada y vuelven a subir al amanecer.
En esas horas de «valle» donde el cortisol está bajo mínimos, los procesos inflamatorios no tienen freno, haciendo que cualquier artritis, contractura o lesión antigua se sienta con mayor intensidad («dolor sordo»).
d) Sustancias proinflamatorias nocturnas
Mientras descansas, tu sistema inmunitario aprovecha para realizar tareas de reparación de tejidos. Para ello libera citoquinas e interleuquinas. Aunque son necesarias para curarte, estas sustancias aumentan la sensibilidad de los nociceptores (receptores del dolor), haciéndote sentir más molestias al abrir los ojos.
e) Descenso de la temperatura corporal
Al dormir, tu temperatura basal cae. Esto produce un efecto físico directo: los tejidos se vuelven menos elásticos y los fluidos corporales (como el líquido sinovial de las articulaciones) se vuelven más viscosos. La elasticidad normal retorna en cuanto te mueves y entras en calor.
2. La influencia del sueño en tu percepción del dolor
No solo importa qué pasa en tu cuerpo, sino cómo has dormido.
Calidad vs. Cantidad
Dormir mal es un amplificador del dolor. Si tienes un sueño fragmentado o insomnio:
El cerebro pierde capacidad para inhibir las señales de dolor.
La reparación muscular es incompleta.
Fases del sueño y recuperación
La reparación física ocurre principalmente en la fase profunda (N3) y la fase REM. Si sufres de estrés, ronquidos o apnea del sueño, estas fases se acortan, despertando con una sensación de fatiga y dolor generalizado.
La postura al dormir
Una mala alineación mantenida durante 6 a 8 horas provoca micro-traumatismos por estrés mecánico:
Boca abajo: Aumenta la tensión cervical y lumbar.
De lado sin almohada entre piernas: Puede sobrecargar la cadera y rotar la columna.
Almohada incorrecta: Tensión directa en cuello y trapecios.
3. Otros factores que agravan la rigidez matutina
Además de la fisiología normal, existen detonantes externos:
Estrés acumulado: Provoca bruxismo (dolor de mandíbula) y tensión involuntaria en hombros durante la noche.
Ejercicio intenso previo: Las agujetas (DOMS) siempre son más agudas por la mañana debido a la inmovilidad y los mediadores inflamatorios.
Cambios hormonales: Especialmente en mujeres (menstruación o menopausia), la sensibilidad al dolor puede fluctuar.
Patologías de base: La artrosis o enfermedades reumáticas tienen como síntoma cardinal la rigidez tras el reposo.
4. 6 Consejos prácticos para reducir el dolor al levantarse
La buena noticia es que puedes mitigar estos efectos con cambios sencillos en tu rutina.
Movilízate ANTES de salir de la cama: Dedica 2 minutos a «despertar» tus articulaciones. Lleva las rodillas al pecho suavemente, haz rotaciones de tobillos y mueve el cuello despacio antes de incorporarte.
Hidratación inmediata: Beber agua al despertar ayuda a rehidratar los tejidos y fascias que se han «secado» durante la noche.
No te levantes de golpe: Evita el «salto» de la cama. Gira de lado, saca las piernas y empújate con los brazos para sentarte primero. Esto protege tu zona lumbar.
Auditoría de cama: ¿Tu colchón tiene más de 10 años? Un colchón hundido o una almohada demasiado alta/baja son causas frecuentes de dolor crónico matutino.
Higiene del sueño: Cena ligero y evita pantallas una hora antes de dormir. Un sueño reparador es el mejor analgésico natural.
Actividad física regular: El ejercicio (supervisado por profesionales) mejora la lubricación articular a largo plazo y fortalece la musculatura que protege tu esqueleto mientras duermes.
¿El dolor matutino persiste?
Sentir cierta rigidez es normal, pero el dolor agudo que tarda más de 30-45 minutos en desaparecer no lo es. Podría indicar una patología subyacente que requiere valoración.
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